jueves, 14 de abril de 2016

Tintoretix - "Lo que más me divierte es reirme de mí"

Cuando uno se plantea entrevistar a un Excelentísimo Señor Gobernador de Provincia piensa que se está metiendo en un jardin complicado. 

Que será un hombre con una agenda dificil, que tendremos que pactar las preguntas por adelantado, que nos cachearan antes de llegar a él. Si hay suerte, hasta nos buscaran microfonos en diversos orificios del cuerpo. 

Pero, ¿somos Galos o Gallinas? así que... llamamos a la puerta, con mucho cuidadito, eso sí. Y no nos había dado tiempo a salir corriendo a escondernos asustados cuando, para nuestra sorpresa, el mismisimo Excelentisimo Señor Gobernador de la Provincia de Xi-Chum nos abrió la puerta en persona adornado con una sonrisa gigante, un tocado elegante y facilidad de palabra. 

Galos y Galas, ponganse en pie y aplaudan porque van a conocer a...  Tintoretix

¿un café?

Y como el Excelentisimo domina mejor las palabras que yo, os le dejo sin tocar. Que os guste lo que me gusta a mí, mucho.

Hablanos de tí, de porqué corres, de que te gusta, que no.
Bueno, empezaré por el principio; tras nueve meses de gestación, y después del último empujón, mi madre me soltó a éste mundo un 26 de Abril de 1957, a las tres y media de la madrugada, y ya desde las primeras respiraciones tuve claro lo que quería hacer en ésta nueva vida que me habían dado sin que yo la hubiera pedido, que conste en acta; esto es importante; a mí nadie me preguntó nunca si quería formar parte de éste mundo; no me quejo; lo acepté con orgullo y con suma elegancia y creo que hasta ahora lo he hecho bastante bien y nunca he protestado ante nadie por no haberme pedido permiso; todo lo contrario; estoy sumamente agradecido, muy agradecido, tanto, que no me voy a 
dormir ninguna noche sin dar las gracias por ésa decisión que tomaron en su día.

 
¿Se pone la cabeza en la almohada 
la almohada en la cabeza?

Antes he dicho que siempre tuve muy claro lo que quería hacer una vez nacido y puestos los pies en el suelo; escribir, eso era para lo que me habían arrancado de la nada y enviado a éste mundo: para escribir, para jugar con las palabras, para combinarlas, para darles la vuelta, para ensuciarlas, para darles un sentido y una forma y para a través de ellas ir conociéndome y creciendo por dentro; no me interesaba la vida; me interesaba todo lo que estaba escrito, los letreros de la calle, los libros, las etiquetas de los envases, todo lo que fuera una palabra me obsesionaba, me dominaba y a través de los años me fui convirtiendo en un devorador de palabras, me las comía, me las tragaba, las trituraba, las hacía mías y la vida, para mí, cada vez se hacía más insoportable, menos importante, y la literatura, el acto de escribir en sí mismo, iba ganando terreno y llegó a dominarme y a obsesionarme de tal manera que hasta los treinta y nueve años más o menos no hice otra cosa que escribir y escribir y escribir y leer y leer y leer hasta que al final ésa obsesión enfermiza pudo conmigo y me dejó hecho un trapo por fuera y por dentro; ahí fue cuando tomé la decisión  de no escribir más y de ponerme a trabajar como todo hijo de vecino; primero en una librería y después en un restaurante vegetariano, en el que todavía sigo, pelando cebollas, lavando ollas, cortando lechugas y tomates y toda clase de verduras y divirtiéndome como un loco, pasándomelo bien y disfrutando como nunca antes había disfrutado.


El ejercito de Xi-Chum esperando ordenes

Físicamente hecho una auténtica piltrafa por tantas noches de bohemia noctámbula y de discusiones acaloradas alrededor de muchas botellas de Rioja, a las cuarenta y dos años exactamente, si la memoria no me falla, y gracias a un buen amigo, Carlos Aguilar, empecé a correr temiendo por mi estado de salud y ésa sí que fue LA MEJOR decisión que he tomado en mi vida; fue algo parecido como haber descubierto la piedra filosofal; el acto de correr me dio lo que las palabras y la literatura no me habían dado nunca: libertad y bienestar, armonía conmigo mismo y con el resto del mundo, templanza y equilibrio interior y la capacidad de relativizarlo todo y de quitar importancia a lo que no la tiene; siempre digo que en mi caso el acto de correr es mi religión y mi filosofía y mi manera de entenderme a mí mismo y a la vida que me rodea; me gusta, me lo paso teta y me río un montón cuando termino de correr; no puedo evitarlo; me río por dentro, con una de esas sonrisas que me hacen más fuerte, más alto y mucho más guapo y atractivo, jajajajaja.



Y se te pone un pelazo, claro



Precisamente, lo que me provoca más carcajadas soy yo mismo; me río mucho de mí mismo, me autodivierto, me autoencuentro superdivertido y superridículo al mismo tiempo y eso todavía me hace reír más; ni el mejor de los chistes, ni la película más cómica que se haya filmado nunca, ni la situación más divertida con la que me pueda encontrar, consiguen divertirme tanto como cuando me burlo de mí mismo; me gusta hacerlo y he descubierto que le hace mucho bien a mi cabeza y a mi estado de ánimo.



Atún, tún, tún, tún



Me preguntas que en qué pienso cuando las cosas se ponen feas; pues bien, desde el mismo momento en que decidí que aceptaba la vida que me habían dado con todos sus pros y sus contras, también decidí que en ésa vida nada podía ponerse feo nunca; no existen las cosas feas y negativas; todo es positivo y válido, muy válido, hasta la situación más jodida por la que podamos pasar, incluida la misma muerte, que no es tal, pero eso ya no entra aquí; si hemos aceptado vivir y no nos hemos pegado un tiro todavía, eso significa que la vida es cojonuda y no nos hace falta pensar en nada para sobreponernos a nosotros mismos.




Respondiendo a tu última pregunta, y queriendo ser muy sincero, que siempre lo soy, la verdad es que no me cabrea nada y nada borraría del mapa; todo lo que está y todo lo que pasa está y pasa por algo; todo tiene un sentido y una finalidad.

Tintoretix no es el primer Galo que os presento, pero sí el primero que conocí. Antes incluso de pensar en esta Aldea fui a Barcelona por trabajo, pregunté en redes dónde podia correr cerca del hotel y alguien le mencionó en su respuesta... me contactó, me guió y aprendí mucho ese día. Sobre correr y sobre ser buena persona.

Te dí las gracias entonces y te las doy siempre, sigue siendo exactamente como eres