martes, 15 de septiembre de 2015

Olimpiadas Indoor - Cuando no nos dejaban jugar en la calle los días de lluvia


A petición popular voy a contaros más historias de Galines Pequeñines.... qué ganas tenía de meter esta frase, da por un lado esa sensación de "me encanta ser leído y responder a vuestras necesidades humorísticas" y por otro lado la de "si este post resulta ser una mierda, haber elegido la otra opción". En cualquier caso, los votantes de "turismoRunner" no os preocupéis, caerá.

Previously on La Aldea (otra gran frase que estaba deseando meter) hablamos de una infancia de cuatro niños en una sola casa y una madre con una técnica de lanzamiento de babucha envidiable. Una madre que, como todas, tenía una paciencia casi infinita, lo cual era un reto para los retoños, que buscábamos mil y una formas de llegar al babuchazo. 

Yo creo que mis padres tenían más miedo a que lloviera que el niño de Los Gremlins, no es que nosotros nos multiplicáramos con el agua, es que no podíamos salir a jugar fuera… Había que quemar energías, y jugábamos dentro. Haciamos Olimpiadas Indoor

 Esto queria hacer yo

En atletismo haciamos de todo, correr por los pasillos, relevos, pero no molaba mucho, la casa es pequeña y nos chocabamos con las sillas; el rey era el salto, sin duda.

Teníamos una técnica que llamabamos la catapulta: uno de mis hermanos se tumbaba boca arriba y doblaba las piernas, yo me subía y me lanzaba con todas sus fuerzas... fácil aterrizaje de pie. El riesgo estaba en el exceso de empuje y que me estampara contra la pared. Pero eso sabía a poco y un día decidimos que yo podía llegar mucho más lejos si me cogían entre dos, cada uno de una mano y un pie, y me lanzaban. ¡Eso sí fue volar!

Para garantizar la seguridad la pista de aterrizaje fue mi cama, pero nos falló la señalización y no caí exactamente en el colchón sino que le pegue con la barbilla a la estructura y más de 30 años después sigo siendo la única persona que he conocido a la que han cosido la lengua, literalmente. 

Esto hice 
El baloncesto era todo un ejercicio de imaginación; la pelota era de papel (prohibidas las pelotas dentro de casa, que rompéis cosas), había que bajarla al suelo para no hacer pasos. La canasta dependía de los jugadores, de pequeños jugábamos en una lámpara con pantalla a la que llegábamos a hacer mates (yo creo que mis padres tenían un presupuesto para pantallas), al crecer esa lámpara se quedó muy bajita y la canasta pasó a ser el hueco que queda entre una puerta abierta y la pared.

 Acordarse de apagar la bombilla, que se funde

La misma puerta entreabierta, hacía de red de Voleibol y Badminton



En esta foto hay una canasta, 
si tienes muchas ganas

Con intención de hacer tiro con arco y tiro deportivo le pedimos a mis padres una diana y un arma de fuego. "Ni locos, que llenáis de agujeros las paredes" así que nos usábamos unos a otros de diana, pero no duró mucho, dolía. 

Un día mi madre se fijó en la pared, llena de agujeros rodeando un cuadro regalo del día del padre (que demostración de amor de mis padres, era un cuadro feísimo y allí estaba, en la pared porque lo había hecho su hijo)… efectivamente, no nos compraron diana, pero teniamos una dibujada en la parte de atrás del cuadro, y nos haciamos unos dardos con palillos, una aguja, papel y celo...  Un buen carabanchelero ha de saber hacerse un arma con cualquier cosa.

Parece un queso, pero es la pared.


Taekwondo y Boxeo eran deportes de desfogue, uno cogía un cojín grande (de los asientos del sofá) y se lo ponía de protección. Los otros le dábamos un solo puñetazo o patada en el cojín. Cuando yo (el pequeño) tenía que sujetar el cojín me ponían cerca de la cama para aterrizar en blando (aún no sé que falló en mi accidente, lo teníamos todo dominado). Bueno, también soliamos terminar practicandolos sin cojines, y sin reglas.



De cuando en cuando mis padres cedían con algo y una de las cesiones fue una red de tenis de mesa de esas que se ponen en la mesa del comedor. El anuncio decía “no deja marca”, si les pillan los de AutoControl los deportan. 

 Publicidad Sincera, ejemplo visual

La mesa tuvo el resto de su vida dos circulitos marcados de sujetar la red; menos mal que su vida no fue muy larga, la red no era lo peor, lo peor eran las marcas de los pelotazos y que nos subíamos encima a jugar al tenis… ¡¿qué?! el tenis es como el tenis de mesa pero los jugadores han de estar dentro de la pista y no alrededor.  


Mientras recuerdo, escucho: